De arriba hacia abajo y para el costado también. Se riegan los canteros y se moja la moto de mamá, se inunda la esquina y llueve. Llueve acá, también por allá. Llueve. Afortunados los vendedores de paraguas en la peatonal como así también los barquillos de papel. Los transeúntes buscan el reparo, yo sabría caminar por entre las canaletas y saltar charcos. Pero miro el teléfono, no suena. Los animales se refugian en los arboles de las plazas y llueve. Mas tarde en la caja de colores anunciaran los milímetros y los daños en los barrios bajos. Se venía venir, mi abuela y el dolor de sus rodillas lo hubiera previsto mejor que el meteorólogo. Si refresca no me enojo.
Nunca sonó.